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"El Breviario reúne encuentros, hallazgos, notas de diario sin fecha, quizá porque el día o el tiempo de la literatura es el tiempo de todos los tiempos, permanente y volátil, que ya no está y parece perdurable, y en el que Homero se cruza con los autores de la mesa de novedades. ¿Qué es la literatura para el escritor del Breviario? Ambición de conocer, de dilucidar la trama de la realidad, desentrañarla y desenmarañarla, volverla un asunto más claro: la alegría de encontrar palabras precisas para nombrar lo que uno quisiera entender".
Justo Navarro

"El Breviario de José María Pérez Zúñiga es un valioso cuaderno de trabajo, pero también es algo más. Aquí no hay exotismo, hay conocimiento, capacidad de análisis, y conciencia dolorida del mundo". 

José Carlos Rosales, Granada Hoy.

Conjunto de ficciones -Abraxas, La flauta rota, Moral de un condenado, El dictador, El cuadro, El poeta y la muerte y El Círculo- en torno a la identidad. Sus registros son variados: desde el diario, la confesión, el cuento o la novela corta, al aforismo.

"José María Pérez Zúñiga ha elegido el camino más difícil, y por eso mismo el más interesante para quienes seguimos de cerca la evolución de la novela en Andalucía".

José Vicente Pascual, IDEAL
Novela experimental tanto en el planteamiento formal como en el tratamiento psicológico de los personajes, Grismalrisk o bien el juego de los espejos es, desde su mismo título y por boca del escritor Augusto Morfeo -verdadero alter ego del autor-, una experiencia literaria única en la que el narrador, lector y personaje bucearán por el infierno de los celos, el amor, el miedo, los sueños, la memoria y la muerte en busca del sentido último de la existencia. Recorrido vital y literario, por tanto, esta novela es también la historia de una digresión, una investigación sobre el sentido del arte en el mundo de hoy y una vindicación de su papel para trasformar la existencia, en una aventura filosófica en la que todo es juego y a la vez, símbolo.

"La novela Grismalrisk o bien el juego de los espejos está inmersa en la narrativa experimental, en la línea de la escrita en los años sesenta en España o a principios de siglo en Europa. Tomando como alter ego al escritor Augusto Morfeo, Pérez Zúñiga va adentrándose en la aventura literaria de la escritura y construyendo un relato en el que el tiempo y el espacio no existen, pero sí las constantes reflexiones sobre la existencia, el amor, la muerte, etc. En la aclaración inicial establece los cánones interpretativos de la obra: nos habla de la concepción singular de la realidad, la soledad y su extraña desaparición. Nos podemos encontrar la metaliteratura como el ensayo, el monólogo interior como la introspección psicológica, la intertextualidad, el perspectivismo, los cambios tipográficos, el erotismo, el lirismo o la historia amorosa, el cambio de punto de vista o de narrador en primera, segunda o tercera persona. Todo un conjunto de técnicas que van creando una novela ambiciosa, poco usual en los tiempos que corren. Un libro de libros con múltiples lecturas que lo sostienen y con el eterno tema de la vida, el amor y la muerte".

Francisco Morales Lomas, Alhucema.
El viejo Ebenezer Scrooge es un egoísta incorregible que explota a su empleado y nunca piensa en los demás. Pero una Nochebuena se le aparecen varios fantasmas que le hacen entender que el mundo está lleno de personas necesitadas de su ayuda y afecto... y el corazón del viejo avaro se transforma para siempre.

Esta adaptación infantil de Canción de Navidad, la clásica obra de Charles Dickens, ha sido escrita por el novelista José María Pérez Zúñiga e ilustrada por el artista inglés Patrick Benson.

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A mediados del siglo XIX, el imperio Ruso es amenazado por la rebelión de varios pueblos asiáticos liderados por los tártaros. Las principales ciudades de Siberia van cayendo una tras otra en el poder de los rebeldes, y el hermano del zar, el gran duque de Rusia, se apresta a organizar la defensa de Irkutsk, capital de Siberia oriental. Sin embargo, el traidor ruso Iván Ogareff urde un plan para que Irkutsk caiga en manos de los tártaros, y cuando el zar se entera de la conjura de Ogareff, envía a Irkutsk al capitán de correos Miguel Strogoff con el propósito de prevenir al gran duque. Para llevar a cabo su delicada misión, Strogoff emprende un largo y peligroso viaje a través de Rusia en el que ha de sortear toda clase de dificultades y sufrir la barbarie de los tártaros. En el transcurso de su aventura, el protagonista pone a prueba su fortaleza, su coraje y su voluntad, pero, sobre todo, tiene la ocasión de descubrir la generosidad, el sacrificio y el amor que le dispensan sus compañeros de viaje.

El novelista José María Pérez Zúñiga ha adaptado cuidadosamente Miguel Strogoff (1876), la famosa novela de Jules Verne (1828-1905). El texto ha sido ilustrado por Javier Serrano.

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Los crímenes suceden en las mejores familias, y una familia es un retrato del mundo pintado con leyes inexorables como el azar, el silencio y el miedo; o tal vez la muerte, el lenguaje y la voluntad. Los tres miembros de la familia de esta novela, Carlos, Amparo y Jacobo, hacen lo posible por escapar de esas leyes, de la idea que tienen de sí mismos y de su propia realidad. Por tanto, el padre puede ser un asesino o un suicida; la madre, una víctima o una cómplice; y el hijo, un niño y asimismo un adulto, que debe dar sentido a lo que ocurre a su alrededor.

Lo que tú piensas es una novela sobre los problemas de la comunicación y el crecimiento, de la paternidad y la convivencia, pero también de ese infierno que todos podemos llevar en nuestro interior. ¿Qué hace falta para que se manifieste? Quizá tan sólo un accidente. O haber nacido en una época que nos hizo interiorizar el silencio y el terror.

José María Pérez-Zuñiga da un paso más en lo que se ha denominado novela psicológica, pues su secreto se encuentra en la misma mente de sus personajes, y al mismo tiempo en la del lector. De estructura circular y trinitaria, la lectura de este libro puede causar graves efectos secundarios.

www.kailas.es

"Diría que su última novela, Lo que tú piensas, es magnífica, que su autor domina perfectamente los tiempos de la narración, el lenguaje literario, el arte de mantener viva la atención del lector, la creación de dramatismo, la verosimilitud, y diría también que la obra, como toda buena ficción, es un conjunto de mentiras que proclama a gritos una verdad profunda, universal, que destila por todos los poros un conocimiento exacto del alma humana y de los hilos que rigen ciertas actitudes del sujeto contemporáneo".

Ángel Esteban, Granada Hoy

Julio Brito, un joven desempleado que no sabe qué hacer con su vida, recibe la visita de un inquietante ángel femenino que le propone buscar a su padre, desaparecido desde que abandonó la ciudad cinco años antes, justo los que han pasado desde la muerte de su madre. Atraído por la mujer y por el deseo de escapar de su existencia anodina, Julio Brito emprenderá una búsqueda real y personal, sin saber que ésta le llevará a las zonas más oscuras de sí mismo.

¿Realidad o sueño? ¿Es posible estar en dos lugares a un tiempo? ¿Sabe Julio quién es de verdad? Para averiguarlo, el protagonista de esta insólita aventura personal no sólo debe soportar las consecuencias de sus propios descubrimientos: si quiere llegar hasta el final tendrá que verse convertido en ejecutor de una venganza, pero también en un posible parricida. ¿O tal vez no?

Contenido y forma se corresponden milimétricamente en la prosa de José María Pérez Zúñiga, que está levantando con pulso firme una sólida y nueva arquitectura literaria ajena a efímeras tendencias, comprometido con una técnica narrativa que busca nuevos caminos con una voz propia y sin perder de vista el objetivo final de seducir y atrapar al lector.

www.seix-barral.es

"José María Pérez Zúñiga ha escrito una novela asombrosa. (...) Rompecabezas parece recomenzar cuando ya ha terminado, y, como todo libro excelente, sigue circulando por nuestra imaginación cuando hemos terminado de leerlo. Un viaje nos transforma, cambia nuestra percepción del mundo. En esto se parecen los viajes felices y las buenas novelas."

Justo Navarro, El Fingidor

En Trece (Cuadernos del Vigía, 2010), José María Pérez Zúñiga reúne algunos relatos humorísticos sobre el tiempo, las coincidencias y la mala suerte.

Pincha aquí si quieres leer el relato que da título a este libro
Portada_La_tumba_del_Monf

    Seis viejos amigos comparten un largo fin de semana  después de algún tiempo. Les une un afecto profundo,  recuerdos comunes, e insatisfacciones de las que no son  conscientes. Han alquilado una vieja casa en un pueblo de  montaña, Ugíjar, una propiedad que perteneció a Miguel de  Rojas, suegro del morisco Aben Humeya, y que guarda en  su interior un secreto que ha maldecido a generaciones.

   Uno de los amigos, Luis de Haro, descubrirá a un    personaje del pasado que terminará apoderándose de él,  como ya lo hizo de su alter ego, Luis Tovar, en la España de  la posguerra. Porque Luis de Rojas, Aben Nazar, parece  ser su doble, pero también es un bandolero morisco del  siglo XVI, un monfí; un personaje maldito que es como una    hidra maléfica, pues es uno y muchos a la vez.

     Entre la novela gótica y el thriller psicológico, La tumba  del  Monfí es una historia de misterio ambientada en la  Alpujarra granadina. Con el telón de fondo de uno de los    episodios que más han influido en la historia de España (la   rebelión y posterior expulsión de los moriscos del Reino de  Granada), esta novela es también una reflexión sobre el      pasado y los fantasmas de la identidad.

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13
Mayo
    Fumar mata

Yo tenía un vecino que creía haber dejado de fumar. Lo sé porque lo veía fumarse los cigarrillos a escondidas, asomado a la ventana, a salvo –eso pensaba- de su mujer. Su cambio de personalidad empezó con la prohibición de fumar en los bares. A mi vecino le gustaba ir a esos antros después del trabajo, a tomarse un par de cañas y fumarse un par de cigarrillos, a drogarse de una manera civilizada. Era casi su mejor momento del día, cuando disfrutaba de la alegría de la cerveza y las conversaciones, cuando expulsaba un poco del humo que el resto de la jornada solía echar por la coronilla. Pero en esto prohibieron fumar en los bares, que era el lugar más íntimo y a la vez más público que él conocía. Allí, además, hablaba con cualquiera, con esa rara especie que era exactamente igual que él: gente que disfrutaba contándole su vida privada a un desconocido, porque entre otras cosas sabía que, cuando saliera del bar, esa vida ya no le importaría a nadie. Era curioso. Entraba al bar, echaba un poco de humo y le contaba a la gente cosas que ni siquiera se atrevía a contarse a sí mismo. No se las contaba a su mujer, desde luego. Porque con ella ni echaba humo ni tomaba cañas. Sólo iban al gimnasio, planeaban meses de verano que no serían dulces como una tableta de chocolate, sino duros como una tableta abdominal. Pero qué importaba, si a fin de cuentas poseía un pequeño templo para disfrutar al medio día. Hasta que en el bar empezaron a invitarle a que saliera fuera. Y ya no volvió. La gracia era unir trago y calada, cerveza y humo, y ni siquiera las tapas contribuían a consolarle, pues sólo cogía kilos. Al principio, su mujer se puso muy contenta. “Así me gusta”, le dijo. “Que pasemos más tiempo juntos”. Aunque la realidad era que disponían de menos tiempo, pues él tenía que esconderse para fumarse ese par de cigarrillos. “¿Dónde está Papá?”, se preguntaba la familia. “¿Qué es lo que le pasa?” Y pasaba que Manolo estaba encerrado en el cuarto de baño, o en el dormitorio, o en el cuarto del niño asomado a la ventana, fumando, huyendo de las rutinas de la casa. Porque yo asistí al desenlace terrible, fumando, como él, asomado a la ventana. Escuché cómo la mujer abría la puerta y gritaba: “¡Manolo! ¿Qué haces?” Y vi cómo el pobre Manolo se arrojaba al vacío.

IDEAL (La Cerradura), 13/05/2012

 
6
Mayo
    La mano

Hace unos meses publicaron la noticia del trasplante de la mano de un donante a un hombre que había sufrido un accidente de tráfico. Luego nos contaron su evolución, cómo se iban regenerando los tejidos hasta convertirse en una mano útil. Esa mano parecía tener ya una vida propia, casi independiente, pues guardaba recuerdos de su antiguo dueño, un artesano, un asesino o un ladrón. Es el argumento de una película de terror, porque esa mano puede volverse contra su nuevo dueño, ahogándolo, obligándole a hacer lo que no quiere, o quizá tan sólo es la excusa perfecta para hacer lo que quiere realmente. Es la manirrota mano de algunos políticos y empresarios, que se gastan lo que no tienen. Al principio encuentran justificaciones de todo tipo para su comportamiento. Total, es una cifra ridícula dentro de un presupuesto, por qué no voy a poder permitirme ese capricho. Total, si lo que me gasto hoy va a revertir antes o después en la empresa, por qué no voy a dejar de pagar a los trabajadores. Total, si hago esto y aquello, si sin mí no hay trabajo, ni dinero, si soy yo quien gestiona las cuentas de la empresa o las cuentas públicas, por qué no voy a poder dejar de pagar a los proveedores mientras me subo el sueldo. Esta gente son ladrones, a los que antes les cortaban las manos en la plaza pública para dar ejemplo. Pero hoy no sólo no son castigados, sino que además tenemos que soportar sus discursos demagógicos en esa misma plaza pública. Son los que nos cuentan los cuentos del cambio de modelo económico, del cambio de modelo laboral, los que proclaman que las jornadas de ocho horas y los sueldos fijos son cosas del pasado. Ellos, sin embargo, no renuncian a nada. Siguen haciendo ahora exactamente lo mismo que hacían antes. Sin crisis o con crisis, viven a costa del trabajo y la confianza de los demás, y tratan de convencernos de la necesidad de sus excesos. Ésa es la misma mano que recorta el gasto social, la que ha cortado el grifo del dinero que antes se prestaba a las familias, la que pretende cobrar por la prestación de servicios públicos que ya se han sufragado con los tributos de los ciudadanos, la que pretende privatizar el transporte público o la sanidad. Pero es la mano de personas que tienen nombre y apellidos, la industria de la crisis. Son lo único que verdaderamente sobra en esta sociedad.

IDEAL (La Cerradura), 6/05/2012

 
29
Apr
    Caperucita azul

El temor a que venga el lobo causa desórdenes de la conducta, cegueras parciales y trastornos del comportamiento político y social, así como una asombrosa dilatación de las pupilas, sobre todo en aquellos que ven el mundo a la medida de sus ideas, tan simples como los colores rojo o azul, que es el que se lleva ahora. Las niñas bien vuelven a estudiar la enciclopedia Álvarez, donde Caperucita viste una capa azul, pues el rojo, al parecer, es el color de unos seres monstruosos a los que no se les ocurre nada bueno y que ni siquiera trabajan. Lo dijo el otro día el concejal de Economía, Francisco Ledesma, negando así la legitimidad de los concejales de la oposición a los que, como a él, han votado unos cientos de miles de ciudadanos. Pero es comprensible, porque los tiempos no han cambiado tanto como nos creemos, y hoy, como hace setenta años, se sigue reescribiendo la historia de España. Lo explicaba Andrés Sopeña en una magnífica conferencia en el Aula de Cultura de IDEAL, y que el fascismo es actualmente un tufo a amiguetes que sonríen antes de despedirte o de desmontar la educación o la sanidad, de tertulias de sobremesa donde el insulto es el reclamo de la audiencia, de una inversión de los valores que pasa por convertirnos en meros dígitos en las cuentas públicas. Y todo porque unos pocos ganan menos de lo que ganaban antes, aunque haya quien gane más. Así, el lobo se llama hoy prima de riesgo. Y por las mañanas, los buenos días consisten en oír que ha superado los cuatrocientos puntos. Casi preferiríamos escuchar que viene el lobo, pues ya conocemos cómo son sus orejas y sus dientes, y cómo le atufa el aliento cuando nos da las nuevas cifras con las que justificar la desaparición de otro derecho y de otra conquista social, aunque esto sea lo único que justifica el paso de la humanidad por este mundo, al que vuelve a crecerle una uña azul. La excepción bicolor es el Barcelona, que no lucirá la camiseta blaugrana en la final de Múnich, como tampoco lo hará el Real Madrid. Es curioso, pero esta semana sonaban más en la calle los gritos de los hinchas que se alegraban por las derrotas del contrario que de las victorias del propio equipo. Menos mal que en el Granada tenemos a un tipo sensato como Abel Resino. Yo creo que es porque jugó en el Atleti. Que no nos pongan la caperuza azul.

IDEAL (La Cerradura), 29/04/2012

 
29
Apr
    De Córdoba a Budapest

La escultura del bañista dispuesto a tirarse al Guadalquivir desde el puente de Miraflores de Córdoba, me parece la imagen del turista que se dispone a visitar la ciudad y a sumergirse en su historia. Yo, de pequeño, quería ser turista; alemán, a ser posible, y poseer ya la riqueza del trabajo y la experiencia. El turista era un ser legendario para mí, alguien que siempre estaba de paso, que contemplaba la ciudad y a la gente con sana objetividad, libre de compromisos y afectos.

Pero eso no puede ocurrir en Córdoba, pues es una ciudad que se te agarra a las entrañas, y esa distancia se convierte en un río donde sumergirte y dejarte llevar por las sensaciones. El misterio nace de la historia, y en estas calles, más que en ningún otro lugar, vemos lo que fue Al-Ándalus, respiramos la cultura Omeya. Y eso que es una ciudad construida con barrios que, como la Judería o la Ajerquía, asumen la personalidad de los pueblos que, desde la época romana, han habitado la capital de la Bética.

Alrededor de la Mezquita y Catedral, podemos trazar un pentágono de la historia de Córdoba que, desde el Alcázar de los Reyes Cristianos hasta la Puerta de Almodóvar y la Casa de los Venegas, y de allí a la iglesia de Santa Victoria y la plaza del Potro, tendría como vértice superior la Torre de la Calahorra, desde donde realizaremos una bisectriz perfecta atravesando el Puente Romano. Porque el turista, cuando pasea por la ciudad parece escribir con sus pasos en un lenguaje secreto: círculos, poliedros y símbolos que quedan en la memoria como una identidad sentimental.

De este modo, si uno dibuja sobre el mapa de la ciudad su recorrido descubre las letras, y te da la sensación de que es el mismo Maimónides quien, fundiendo la filosofía de Aristóteles con la Cábala, se apropia de tu voz, grabando tus recuerdos con los triunfos que jalonan la ciudad con la imagen del arcángel San Rafael, recuerdos que serán como patios de geranios recién regados.

Viajar es nacer y morir en cada paso, desprenderte y descubrir nuevas partes de ti, y ese fulgor de la juventud, de la experiencia que nos transforma y esparce cadáveres con nuestra cara, es lo mejor del Viaje a Budapest, la primera novela de Daniel Barredo, que obtuvo el Permio Andalucía Joven de Narrativa y ha tenido el acierto de publicar la editorial cordobesa Berenice. La he leído de un tirón, como quien da un paseo que se te agarra también a las entrañas. A pesar del título, el narrador de esta historia y alter ego del autor es un pícaro que muy bien podría vivir en Córdoba, en la plaza del Potro que conoció Cervantes, poblada de mercaderes, tratantes de ganado, pillastres y viajeros.

Porque este antihéroe también frecuenta los mesones, sólo que en vez de hacerlo en el siglo de Oro, se ve obligado a robar, a mentir y a vender su cuerpo en pleno siglo XXI, esta época que tanto les ha prometido y tan poco les ha dado a las generaciones mejor preparadas de la historia. Daniel Barredo destruye todos los tópicos de la narrativa contemporánea, empezando por el lenguaje; y una vez terminada, y contagiado por tanta efervescencia verbal y vital, al lector sólo le queda confesar que ha leído una novela de puta madre, después de haber dado más de un repullo.

Daniel Barredo apuesta por la literatura trasnacional, y yo me imagino libros que irán desde el puente Romano al puente de las Cadenas. Libros y ciudades donde jugártelo todo. Así deberían ser todos los viajes.

El Mundo de Andalucía (Viajero del tiempo), 27/04/2012

 
23
Apr
    R que r

Ésta es la expresión más repetida entre los jubilados granadinos, que escuchan atónitos cómo contribuirán con diecisiete millones de euros al copago farmacéutico. “¿Pero tanto dinero tenemos?”, preguntan. “¿Y esto sale de mi pensión?” “Sólo pido unos poco euros”, les contesta Rajoy; “no tenemos dinero para los gastos públicos”. Casi nos parece un mendigo, con la barba y esa dificultad para pronunciar la r, un trastorno llamado rotacismo, que no parece afectarle al pronunciar la r de recorte social. Vamos, para fumarse un puro mientras pasea por el monte. Si al menos dijera lo del Rey: “Lo siento, me he equivocado. No volverá a ocurrir”. Pero eso no lo dirá el  presidente, que ya piensa en subir el IVA, para seguir así, erre que erre, incumpliendo el programa electoral y todo lo que prometió en campaña. Es también la semana de la r de REPSOL, porque YPF, nos guste o no, ya era una compañía argentina, constituida con arreglo al derecho argentino, con domicilio en aquel país, explotando recursos argentinos. Y con una buena parte de accionistas españoles, eso sí, que ven cómo les quitan fuera lo que ya perdieron sin salir de España. Porque la crisis económica está haciendo saltar por los aires la concepción que teníamos de este país, desde el Estado de bienestar a la Corona. Y ya hay varias generaciones que sienten que no tienen que agradecerles nada ni al Rey ni a los padres de la Constitución, ese pacto de silencio que llamamos Transición española. Porque aquí de lo que se trata es de rascarse el bolsillo, y hay casas, reales y no, que gracias a esta democracia corrupta parecen tener un bolsillo sin fondo. En Andalucía, el exconsejero de Empleo se ha sentado en el banquillo por el caso de los “eres”, que es casi una cuestión existencial sobre el ser andaluz, si no fuera porque ha consistido en algo tan material como quitarle el pan a los parados. Para eso no debería haber perdón. ¿Veremos algún día a nuestros políticos pedírselo a los ciudadanos? Según Alejandro Dumas, el perdón es la indiferencia por aquello que no nos concierne. Y en eso se ha convertido para muchos la democracia. Lo saben bien gobierno y oposición, que hacen y critican lo contrario de lo que criticaron e hicieron cuando calentaban el asiento contrario. Seguramente, porque lo que menos perdonamos a los demás son las tonterías que nosotros mismos hacemos. Así que erre que erre con la crisis y los recortes. No tenemos remedio.

IDEAL (La Cerradura), 22/04/2012

 
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